lunes, 6 de mayo de 2019

{AUTORES DE CERCA}: Conociendo a...Elsa García


Hola a todos, sé que os tengo un pelín abandonados, pero es que la uni me tiene loca. Hoy vuelvo con una sección que me encanta, porque además de leer para mí, es un lujo poder conocer las personitas que se esconden detrás de las historias que tanto nos enamoran.

Si me habéis leído últimamente veréis que una de mis mejores lecturas de este año ha sido Joder si te quise de Elsa García, por lo viciada que me mantuvo el tiempo que me sumergí en su historia y por lo cerca que me tocó Hana, y lo enamorada que me dejaron Víctor y Gabi. Hoy nos visita Elsa, que es un sol de persona y viene para contaros un poquito sobre lo que hay detrás de Joder si te quise, incluso sus chicos han querido colaborar en la entrevista.

Hola, corazón. Antes que nada, quiero darte la bienvenida a mi dulce morada y agradecerte que hayas querido pasarte por aquí a saludar y a charlar un ratito. ¿Qué te parece si para ir rompiendo un poco el hielo nos cuentas un poquito sobre ti, para aquellas personas que no te conozcan?

¡Hola, mi chica bella! Nunca sé muy bien qué contar sobre mí. Pues supongo que tiene sentido que escribiendo lo que escribo, sepáis que soy una de esas locas que cree en los amores para toda la vida. Puede que porque lo he mamado en casa J Estoy my unida a mi familia y mis dos hermanas son mis dos mejores amigas.

Vivo en feliz pecado con mi pareja en Valladolid. Soy un poco compulsiva e impaciente, pero también muy positiva y un poco Marihappy. Me encanta todo lo relacionado con el Universo Cinematográfico Marvel y también me he aficionado un poco a sus cómics gracias a mi chico. Soy fanática reconocida de Juego de Tronos (espero que Daenerys lo consiga… y que Sansa se quede por el camino). No sé vivir sin café y adoro comer y viajar. No me gusta estarme quieta y la lluvia me pone de mal humor. ¡Ah! Y he visto Harry Potter por primera vez en mi vida este año, lo confieso.

La historia de Hana, Víctor y Gabi, para mí es de esas que te roban el corazón poco a poco, pero que a su vez a momentos te lo aprieta fuerte y no puedes evitar sufrir con ellos. ¿Cómo fue que surgió la idea de contar su historia? Sobre todo, por tratar temas tan importantes y que desgraciadamente a pesar de estar presentes en la vida de muchas personas para algunos son un poco tabú, como los TCA. ¿Por qué elegiste este tipo de enfermedades en concreto?

Antes he dicho que adoro comer. Lo he adorado toda mi vida y eso ha hecho que jamás haya sabido lo que es una cintura de avispa. Cuando era más cría hubo algunas bromas que cayeron en saco roto, porque nunca me afectaron y, cuando la gente se da cuenta de que sus palabras no te hacen daño, tienden a dejarte en paz. Por suerte, nunca he sufrido acoso ni me he sentido atacada por mi peso porque supe enorgullecerme de mi cuerpo desde muy cría. Me quiero mucho y no me corto a la hora de recordármelo.

Pero cuando empecé a escribir pensé en qué habría pasado si esas primeras bromas sobre mi peso, mi pecho o mis muslos hubiesen llegado a oídos de una niña que estuviese algo más insegura consigo misma. La gente tiende a opinar sobre el aspecto físico de los demás con muchísima alegría, como si fuese asunto suyo. Que si estás muy gorda, o muy delgada, o no tienes tetas, o tienes los dientes torcidos, o demasiado acné, o eres demasiado alta o una enana… Hablamos de todo el mundo sin saber cómo pueden afectar nuestras palabras a alguien, en qué momentos de su vida están.

Al sentarme frente a un ordenador, el tema de la anorexia no dejaba de rondarme la cabeza, y Hana comenzó a pedir paso en mi teclado incluso antes de que terminase con Jota, pero no me atrevía a hacerle caso, porque lo que me contaba me parecía demasiado duro de explicar.

¿Fue complicado toda la parte de la documentación para poder contar esta historia?

Fue horrible. Lloré, lloré mucho. Entender a Hana ha sido de las cosas más duras que he hecho porque meterme en el mundo de Mía y de Ana significó conocer la historia de muchas personas que sufrían de verdad, que necesitaban ayuda y no sabían cómo pedirla. Escuché, visualicé y leí muchísimas vidas truncadas. Se me partía el alma cada vez que una de esas niñas hablaba como si nada de las veces que habían intentado quitarse la vida porque no veía más salida.

Pasé muchas horas tratando de entender de verdad a Hana, porque quería poder contar por lo que vivió de una forma real, pero con todo el respecto y la admiración que me parece que merece quien haya pasado por algo así y haya tenido el valor y la fuerza para decidir que quería salir de ello.

Me gustaría Elsa, si te parece darles la batuta unos momentos a tus chicos y que sean ellos quienes se presenten un poco, si quieren claro. O que se presenten entre ellos que también puede ser divertido.

Claro, siempre andan cerca. Uno de ellos, últimamente, mucho más que los otros dos. Tú que ya has terminado el libro, seguro que sabes de quién te hablo…

Hana: Sí, sí, Camy ya sabe que andas liada con tu chico del alma, pero no digas mucho más que tú te lías a hablar y seguro que les haces algún spoiler a los que aún no nos conozcan. Por cierto, hola a todos los que nos estáis leyendo. Yo soy Hana y soy la que me encargo de poner paz entre estos dos balas perdidas.

Gabi: ¡Eh, oye! Un respeto, joder. Que se van a formar mala imagen de nosotros, que somos unos santos.

Hana: Gabi, por favor, que acabo de ver salir a un tío increíble de tu cuarto y anoche estabas en mitad de la fiesta que montasteis comiéndote la boca con una rubia con la que, estoy casi segura, Víctor estuvo la semana pasada.

Gabi: Uy, uy, uyyy… ¿Celosa, pequeña? Sabes que solo tenemos ojos para ti, ¿no?

Víctor: Yo a veces creo que está un poco ciega, porque si no, no entiendo que no vea que nos tiene loquitos.

Hana: Sois bobos. Mira que os gusta jugar. Un día os quemaréis y lloraréis.

Víctor: Si luego tú me limpias las lágrimas a besos, prometo ahogarme en llanto, bebé.

Chicos, que Camy sigue esperando a que le hagáis un poco de caso. Digo.

Hola, chicos. Hana, Gabi, Víctor, ¿qué puede encontrar la gente que aún no os conozca y se anime a leer vuestra historia?

Hana: Amistad, risas, dolor. Bueno, y supongo que vergüenza.

Víctor: Eh, no. No te tienes que avergonzar por lo que te pasó.

Gabi: ¡Claro que no! Venga ya, Hana. Si eres la más fuerte de los tres. Nos lo has demostrado un millón de veces.

Víctor: Pues claro. Te caes y te levantas. Siempre. Eso es lo que hay en este libro, Camy, la historia sobre cómo Hana aprendió a quererse, de cómo se dio cuenta de que era perfecta con todas sus imperfecciones.

Gabi: Y sobre cómo nosotros la quisimos lo mejor que supimos.

Como autora, ¿qué ingredientes crees que debe tener cualquier historia para poder enamorar al lector y engancharlo a sus páginas?

Creo que deben existir personajes con los que te puedas identificar. Está genial crear “personas” perfectas, pero a mí esas no me enamoran. La gente real falla, se equivoca, duda, es contradictoria.

Es maravilloso cuando lees a un protagonista que la caga pero que, está tan bien desarrollado y explicado, que empatizas con él y llegas a comprenderlo. Es como una sinergia literaria entre personaje y lector. Y es mágico.

Jota y compañía tuvieron y aún tienen mucho éxito, y es que es difícil no quererlos. ¿Tuviste el mismo vértigo, ese cosquilleo que se siente cuando estás a punto de publicar una nueva historia, cuando decidiste contar la historia de Hana, o fue menos fuerte después de haber publicado anteriormente?

Fue mayor. Jota es mi primera chica y siempre tendrá un hueco en mi corazón, pero también reconozco que se nota que fue mi primera novela si hablamos de estilo literario. Con Hana me parece que crecí un poquito y me atreví a tratar un tema que me parecía muy necesario visibilizar pero que me daba pánico relatar mal, así que los nervios cuando la lancé al mundo fueron muy, muy bestiales.

¿Tienes alguna manía a la hora de escribir? Por ejemplo, necesitar silencio absoluto para escribir, o tu bso favorita a todo volumen…

Sí. Siempre leo el último capítulo que he escrito antes de empezar de nuevo. Tengo siempre a mano mis notas escritas y mi móvil con las tropecientas notas de voz que me grabo. Y confieso que la música me inspira muchísimo, pero me gusta demasiado como para poder escribir con ella de fondo. Quiero decir, soy incapaz de oír una canción que me gusta y no terminar cantándola, así que escribir y ponerme a Sabina de fondo, es incompatible para mí.

¿Siempre tuviste claro como querías que fuera la historia o los personajes hicieron lo que quisieron contigo?

Sabía lo que quería que pasara a grandes rasgos, pero soy muy brújula escribiendo. Según avanzo los personajes me van exigiendo y guiando, así que suelo hacerles caso. Sé que quien no escriba pensará que esto es un rollo que nos hemos inventado las autoras porque queda muy guay decirlo, pero de verdad que no. Hasta que no llegó Jota, no lo experimenté. Con ella sí tenía un guión mucho más marcado para toda la bilogía, y llegó Lucas y me mandó a la mierda sin contemplaciones e hizo lo que le salió de la mismísima. Y me gustó más que lo que yo había pensado en un principio, así que me dije “coño, igual tengo que hacerles caso a ellos, que para eso me cuentan su historia y yo solo estoy aquí para golpear teclas”.

¿Qué piensas de los tableros de Pinterest? Yo estoy obsesionada con ellos, a la hora de hacer reseñas siempre me vienen muy bien para poder contar sin palabras qué podrán ver en las historias que he leído, pero como autora, sé que los utilizas, pero ¿crees que son útiles? Y más importante si las respuestas han sido sí, ¿te cuesta mucho crearles? ¿ponerles caras a tus personajes?

¡Sí a todo! Jajajaja. Adoro Pinterest. Cuando creé a Jota y Enzo no tenía a los musos pensados, vinieron después, cuando empecé a ver cómo funcionaba todo el mundo de la publicación, la promoción y las redes. Pero no me costó nada decidir quiénes serían ellos. Cuando tuve que empezar a idear a Lucas, el tablero de Pinterest de “Y yo a Nosotros” ya tenía como veinte fotos de André Hamann, jajajaja.

Ahora es como un hobby más. Cuando pienso una historia nueva creo su tablero, busco a los protagonistas e imágenes que los evoquen, que representen momentos que yo creo que vivirán. Y sí, me ayuda, porque cuando me disperso, o pierdo mucho la concentración, cuando los veo vuelvo a sentir aquello que pensaba mientras buceaba por todas esas imágenes, y las ganas de escribir sus historias vuelven.

De hecho, ya tengo acabado el del Proyecto Hielo, que es la siguiente novela de Somos Agua y que espero que esté listo en septiembre; y empezado el del Proyecto Lluvia, que será el libro que cierre la serie.

Antes de acabar ¿hay alguna escena o fragmento que te gustaría compartir con nosotros, para ir abriendo bocas si alguien aún está indeciso si leer o no esta historia? ¿Qué les dirías para que se animaran?

Pues para que se animaran les diría que Hana es especial. Aunque no sé si me creerían porque, claro, yo soy su madre, ¿qué voy a decir? Pero de verdad que lo es. Es una niña a la que quieres cuidar y proteger en cuanto la conoces, hasta que te das cuenta de que ella no necesita príncipes ni salvadoras, porque es fuerte de narices, lo que pasa que aún no se había dado cuenta.

Os dejo un fragmento de la novela que para mí es muy significativo: la primera vez que Hana da un paso en la dirección equivocada. 

Agosto pasa muy despacio.
Hay días geniales y días horribles.
Los primeros suelen coincidir con aquellos en que Dani me vuelve a tratar bien, me busca, me besa y me dice cosas bonitas.
Los segundos… En los segundos, él me ignora, me mira con asco y se burla de mí delante de otros chicos cuando alguno de sus amigos me presta atención.
Hoy ha sido uno de esos días.
Llego a casa destrozada porque he tenido que ver cómo se besaba con su novia, que ha decidido acercarse para regalarle algo de su tiempo. Me he enterado de que es un año mayor que nosotros. Va a otro instituto y cada vez que aparece, Dani la mira como si un ángel se estuviese dignando a hablar con él.
La odio.
La odio porque me hace odiarme aún más.
Y lo odio a él por elegirla siempre, por darle la mano en público, por besarla con adoración delante de cualquiera. Lo odio porque siempre me recuerda que no soy suficiente.
Hemos estado comiendo en un chiringuito cercano a la playa. Ella apenas ha probado la ensalada. Yo he comido un bocadillo que rezumaba grasa, pero es que no he podido evitarlo. Estaba nerviosa y rabiosa y… no sé. Necesitaba comer.
Entro por casa y enseguida me doy cuenta de que estoy sola. Veo una nota de mi madre en el salón avisando de que ha salido con un par de colegas a tomar una copa.
Abro la nevera y veo una tortilla de patata que ha debido dejar hecha este mediodía. Ni siquiera me paro a pensarlo, la cojo y me como casi la mitad allí de pie, en mitad de la cocina, sin siquiera calentarla.
Cuando me doy cuenta de lo que acabo de hacer, me siento mal. La culpabilidad empieza a extenderse por mi consciencia y la ira aparece con una fuerza cegadora. Le doy una patada a una de las sillas que tengo más cerca y la tiro al suelo. Maldigo gritando, tratando de no dejarme nada dentro.
En un intento por castigarme un poco más me encamino al baño. Miro la báscula con esa sensación de miedo y ahogo que ninguna otra cosa me provoca en el mudo.
Una vez que los números dejan de oscilar y parpadear, compruebo que he engordado más de un kilo desde la última vez que me pesé. Sin pararme a pensar en lo que hago, cojo la jabonera que descansa sobre el lavabo y la estampo con toda la rabia que puedo contra la pared de enfrente. Me dejo caer en el suelo y lloro sin control, escondiendo la cara contra las rodillas. Las lágrimas comienzan a mezclarse con los mocos y las babas que acompañan a mi llanto histérico, pero no me importa.
Me siento tan mal que solo puedo pensar en hacer algo para que la culpa disminuya un poco, para que deje de asfixiarme. Y una idea que lleva demasiadas semanas rondando por mi cabeza pasa de parecerme mal, a ser la mejor de las opciones.
Procuro no darle más vueltas, y antes de dejar pasar más tiempo y que algo dentro de mí me grite que no debería seguir ese camino, levanto la tapa de la taza y cuelo dos de mis dedos por mi garganta hasta que me rozo la campanilla.
Dos arcadas.
Y el vómito llega acompañado por una paz que no había sentido en años.

Muchas gracias, corazón, por este ratito y por compartir tus historias con nosotros.
Gracias a ti, baby, por dejar que me pase por aquí para que mis chicos lleguen a otros.

1 comentario:

  1. ¡Hola! Nunca he leído a la autora y te agradezco que nos permitas conocerla un poco más. Un besote :)

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